Fin de año a 10.000 km de casa

Fin de año a 10.000 km de casa

 

Hoy, 30 de Diciembre, hace justo un año del día en que todo empezó para estar hoy a 10.000 km de casa. Estaba en la cocina compartiendo un momento único con mi padre cuando Aníbal (te echo de menos, amigo) me mandó un mensaje: «Oye, ¿tu estarías dispuesto a venir a México?». Sinceramente, la primera reacción al leer el mensaje y contárselo a mi padre fue de reírnos los dos. Sin embargo, a esa risa le siguió un silencio de unos segundos eternos en el que los dos pensamos: quién sabe, quizá una pequeña puerta para llegar a conseguir un sueño se acaba de abrir.

A ese día le siguieron meses difíciles; de mucha incertidumbre; de avanzar y retroceder; de dudar y confiar al mismo tiempo; de verlo hecho y, de repente, dar todo por perdido. Como cualquier reto que uno aspira a alcanzar, no podía ser fácil. Era la oportunidad de convertir un sueño en realidad y esos momentos pasaron a convertirse en pruebas que sólo pedían convicción y tranquilidad para superarlas.

Desde ese día es mucho lo que he aprendido a nivel personal. Mi historia es simplemente una historia más como la de cientos de personas y hoy, son 3 de esas lecciones que he aprendiendo en este tiempo las que quiero compartir:

  • Una de las lecciones que me llevé es que todo en nuestra vida son decisiones; que lo que vivimos hoy es el resultado de las decisiones de ayer. En mi caso, en la Licenciatura de INEF tuve la enorme suerte de conocer a Víctor, quien con el tiempo pasaría a convertirse en uno de mis grandes amigos. Juntos comenzamos el Master de Alto Rendimiento en Barcelona y ahí fue donde conocí a Aníbal, con el que muy pronto conectamos… Hoy, echando la vista atrás, me doy cuenta de que lo que un día eran casualidades sin saber donde nos llevarían, hoy son puntos que conectaron para hacer posible esta experiencia. ¡Asegurémonos que lo que hacemos hoy, nos lleva donde queremos estar mañana!

   

  • Otra de las lecciones principales que me llevé es que regalar o dar algo a alguien te hace sentir más feliz que recibirlo. El peor momento antes de venir a México me tocó vivirlo al despedirme de las personas que llevo en mi corazón (familia, amigos…). Un gran número de esas personas está en ED Moratalaz, donde conocí a gente que por «casualidad» pasó a ser clave en mi vida (nunca seré capaz de agradecer todo el cariño que recibí allí). Así que quería que todas esas personas se quedasen con algún recuerdo mío. Si de alguna manera me gustaría que me recordasen es por ser un soñador, un soñador que peleó feliz por sus sueños. Así que me identifiqué desde hace tiempo con la frase «No dejes de soñar» (y canción de Manuel Carrasco que me hace emocionarme cada vez que la escucho). Tras una larga historia, fui capaz de hacerme con 400 pulseras con el mensaje «No dejes de soñar». En estos meses, son muchas las personas que cada vez que han escuchado la canción o han visto algún detalle relacionado con la frase, se han acordado enviándome un mensaje, una foto o un audio. Sólo os puedo decir GRACIAS por hacerme sentir la persona más afortunada del mundo.

   

  • Y, por último, aprendí que lo verdaderamente importante es el camino y no la meta. Siendo muy sincero, antes de llegar aquí me preguntaba a mi mismo a menudo: ¿cómo será mi día a día después de conseguir el sueño de mi vida? Me imaginaba que todo cambiaría por completo con respecto a lo vivido hasta ahora… Pero siendo más sincero aún, tras sorprenderme y alucinar con los detalles del fútbol profesional, todo siguió como bien me enseñó mi principal referente: «Se cambia de escenario y de público, pero el trabajo sigue siendo el mismo». Y es que así funcionamos: Estamos gran parte del tiempo esperando a conseguir algo y cuando lo conseguimos, ya estamos pensando en lo siguiente y en lo que nos falta. Pidamos que el camino sea lo más largo posible, que ahí es donde reside la verdadera felicidad, que es él quien nos transforma y nos enseña a ser mejores cada día. Y así, el día que lleguemos a esa meta, podremos estar orgullosos de lo recorrido para llegar a conseguir aquel objetivo que un día nos parecía imposible.

   

Nunca imaginé llegar a pasar una Navidad tan lejos de casa y vivir una experiencia tan única. Me encantaría estar finalizando y comenzando el año con la gente que más quiero, pero este es el precio que se paga también por alcanzar lo que uno quiere y es parte del camino para llegar al siguiente objetivo.

Gracias de corazón a todos/as quienes habéis estado ahí cada uno de los días, independientemente de las fechas. Para este 2018, os deseo toda la salud del mundo. Para lo demás, mucho esfuerzo y energía para soñar; cualquiera es capaz de conseguir lo que se propone.

Desde Hermosillo (México), un tipo muy feliz.

Antonio Caballero

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